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CUANDO LA PANTALLA PROYECTA LA IMAGEN MÁS OSCURA
01/08/2014 - Crónica elaborada por Sebastián Lande
Son las 8 am cuando interrumpo la canción que elegí para que me despertara esta semana. Había programado la alarma en mi teléfono la noche anterior, como hago todas las noches. Nunca dejo a Louis Armstrong terminar de describir qué es lo que hace a este mundo, uno tan maravilloso. Abro los ojos y lucho por distinguir lo real, superar esos primeros minutos en los que me disputo entre recordar lo que había soñando y programar lo que debo hacer en el día. Desenchufo mi celular. No recuerdo en qué momento el celular pasó a ser necesario para resolver cada tarea de la vida cotidiana, por más trivial que resulte. Miro la pantalla. 11 C° en Buenos Aires. Máxima de 16 C°. Probables chaparrones. Separo el paraguas. Me fijo en la aplicación ´Como Viajo´ cuál es el medio de transporte que me conviene para llegar a mi destino. Luego entro a Twitter, para leer las noticias de los últimos minutos y conocer el estado del tránsito. Mientras voy en el 60, respondo los mails que acumulé desde la noche anterior. Mis amigos de la infancia comparten chistes en nuestro grupo de WhatsApp. Se me escapa una carcajada que trato de ahogar mordiéndome la lengua. La gente en el colectivo no se da cuenta. Todos están sumidos en sus propios problemas. En sus propios celulares.

Es raro no ver una cabeza gacha entre los que están sentados. Es cada vez más raro ver a alguien mirando por la ventana del colectivo, o leyendo un libro. Hasta el chofer escucha música con su celular, a través de internet. El cuarteto le pone ritmo a la mañana, secundado por las bocinas, los gritos, los ruidos de los autos y el ritmo frenético que nos dictan nuestras agendas.

Observo a mí alrededor. La mitad de los pasajeros están atados a sus celulares, no sólo por la costumbre, también por sus auriculares. Varios chequean sus ´noticias´ en Facebook. Me doy cuenta de que la imagen parece salida de una película del tipo ´hombre vs. máquina´. Tomo mi celular, saco una foto y la subo a Instagram con los hashtags ¨#Terminator #LasMaquinasGanaron #AtrapadosEnLaMatrix¨. Por más importante que sea la tarea que realicemos durante el día, el celular esta siempre ahí. Ni siquiera en el bolsillo. Lo dejamos sobre la mesa, al alcance de nuestra mano. Siempre alertas.

Según datos del Banco Mundial, la Argentina se encuentra en el puesto 32, en una lista de 201 países, en el ranking según el número de teléfonos celulares per cápita, con 143 celulares por cada 100 habitantes. En la región, sólo es superado por Panamá, 187 y Uruguay, 147.

En los últimos años las nuevas tecnologías han revolucionado nuestras vidas. Esta nueva era ha traído consigo, no solo nuevas herramientas, sino un mayor acceso a la información. Las horas que hasta hace poco dedicábamos frente a la computadora, ahora ya no tienen ubicación fija. Los smartphones permiten tener acceso a internet en cualquier momento y lugar.

En el estudio anual que realiza la especialista en asuntos de la web Mary Meeker sobre el uso de Internet y otras tecnologías digitales en el mundo, la Argentina aparece como uno de los países que privilegia, a la hora de consumir contenido digital frente a un pantalla, el smartphone (166 minutos) frente a un televisor (104 minutos), una computadora (114 minutos) o una tableta (30 minutos), según una encuesta hecha en 30 países. Como referencia, Indonesia está al frente con 132 minutos por día frente a un televisor, 117 minutos frente a la PC, 181 mirando un smartphone y 110 minutos consumiendo contenido en una tableta. Asimismo, se destaca que la Argentina está entre los 15 mercados emergentes que tienen más de un 45% de penetración de smartphones.

Las nuevas tecnologías han favorecido una democratización de la información. Las redes sociales han acelerado vertiginosamente su transmisión. Desde un smartphone, todos podemos hacer que nuestro mensaje llegue al instante a millones de personas en todo el mundo. Por causa de esto, la información pierde relevancia a las pocas horas de ser emitida. Las noticias vuelan, se transmiten al minuto. Si Facebook fuera un país, sería el tercero más poblado. Pero los smartphones, paradójicamente, no sólo son una herramienta para afrontar los desafíos del día. Son, además, un escape. Jugar un juego en algún minuto libre, o chequear la noticia de la hora en Twitter. Escuchar música, ver algún video.

Y aquí estoy yo, buscando exactamente eso: Olvidar, perderme en internet. Para navegar sin destino las redes sociales. Pero no. La violencia de nuestra sociedad no sólo está presente en las redes sociales. No sólo está presente en internet. Sino que está radicalizada. Deshumanizada. Tiene tan pocos límites como la red misma.

Las mismas características que hacen que internet sea una herramienta de comunicación revolucionaria, también la hace un espacio fértil para discursos discriminatorios o cargados de odio. Debido a que cada persona en el mundo tiene capacidad para subir contenidos a la red, es prácticamente imposible impedir que estos mensajes se dispersen en la web.

Según sostiene el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) en su página de internet, una de las particularidades más relevantes que adopta la discriminación en internet es la velocidad. Todo lo que sucede en la web se transmite a una velocidad mucho mayor porque responden a sus características esenciales: la rápida propagación de sus contenidos. Los avances tecnológicos relacionados con internet permiten así un aumento exponencial de voces, que sumados al carácter instantáneo y la viralización de contenidos. La ley 23.592 penaliza los actos discriminatorios en Argentina. La norma jurídica se hizo extensiva a internet y a los casos que trascendieron el monitor y terminaron judicializados. El carácter global de la red y el hecho de que el usuario pueda encontrarse en otro país, con normativas diferentes, complejiza la tarea.

La discriminación suele hacerse visible, sin ningún tapujo, en los comentarios de diarios online. El caso de ´La Nación Online´ es paradigmático. El sitio web www.alexa.com genera un ranking de tráfico global que establece cómo está posicionada una página de internet en relación con los demás sitios, a partir del promedio de visitas de la página durante los últimos tres meses. Según Alexa, La Nación online es la octava página de internet más visitada en Argentina, sólo superada por Google.com.ar, facebook.com, Google.com, youtube.com, mercadolibre.com.ar, live.com y yahoo.com.

Una cosa es leer La Nación y otra, muy diferente, los comentarios al final de las noticias. Dada la menor oportunidad por parte de la noticia o el periodista, el despliegue de violencia y discriminación de algunos foristas llega a límites insospechados, impropios de una sociedad democrática del Siglo XXI. La participación del público ocupa así, cada vez más, el centro de la escena. De este modo, no sólo la noticia pasa a un segundo plano, sino que también el debate. Lo que queda es una discusión irracional, morbosa, vacía de contenidos y cargada de odio.

Jorge Gobbi, docente de la Universidad de Buenos Aires, realizó un estudio sobre “Diarios, versiones digitales y comentarios. Los usos de los discursos sobre lo público y lo privado” en el que señala que una de las características de Internet es el aparente anonimato de los usuarios, que se sienten tranquilos porque suponen que no recibirán sanciones sociales o legales por lo que allí digan. Según el autor, esto marca una forma de escritura: se dejan comentarios que, tradicionalmente, pertenecen al ámbito privado y una forma de relación, “se abre un espacio de diálogo sin las reglas de la copresencia”. Dice Gobbi: "en la vida real es difícil encontrarse con un nazi declarado, pero en la red es más fácil encontrar nazis, o gente manifiestamente racista. Es porque no hay una percepción de sanción social." La falta de moderación podría dar lugar a un proceso de vandalización de los espacios.

El domingo 13 de abril de 2014, La Nación online publicó la noticia ¨Bolivia da la nota: ya es uno de los países más pujantes de la región¨, en la que se sostiene que el auge del precio del gas permitió un enorme crecimiento del PBI y del consumo. A continuación, el usuario ´carlofi´ comenta que ¨SERIA BUENO QUE LOS HABITANTES DE ESE EN PAÍS EN ARGENTINA RETORNEN A SU PATRIA AQUÍ NO APORTAN ABSOLUTAMENTE NADA SOLO MENDICIDAD¨. Más abajo, el usuario ´cuaccuac1964´ comenta que ¨el éxito no está en la exportación de gas. El éxito está en la exportación de inútiles que no sirven para nada, no trabajan, sólo afanan, y encima quieren planes. (…) como no podemos exportar a ningún cabeza de termo simplemente hay que eliminarlos. Cuando hagamos una guerra civil, y linchemos 10 millones de negros, más unos 1000 dirigentes que los han usado toda la vida, Alemania occidental será un poroto al lado nuestro.¨

El lunes 30 de junio de 2014, La Nación online titulo ¨Conmoción en España por un brutal ataque racista a un joven asiático¨. En este caso, el forista ´revival´ comento que ¨en argentina hacen falta varios de estos!! lo digo por los trenes! ¨. A continuación, ¨cyber_Gladiator¨ posteó que ¨ hablan mal del racismo, pero creo que hay que escuchar ambas campanas, se proyecta para el futuro no van a existir blancos. algo de 2035. y quien quiere ser eliminado al final de cuenta?¨. Finalmente el usuario ¨solounciudadanoc¨ comentó que ¨Al fin, es hora que acá en Argentina por fin nos pongamos manos a la obra y empecemos la limpieza. Ya está visto que si salimos con cacerolas como venimos haciendo no alcanza, este joven es un ejemplo a seguir, el no fue con cacerolita a gritar, el limpio como debe ser¨. A los quince minutos, en lugar de su comentario, se podía leer: ¨El comentario ha sido borrado. Las respuestas que generó se siguen mostrando aquí abajo¨. Si se visita alguna noticia de este tipo, algunos meses después, es muy común que se pueda leer el mismo mensaje, en lugar de los mensajes discriminatorios que los foristas comentaron en su momento.

Natalia Raimondo Anselmino, Doctora en Comunicación Social, explica el comportamiento de los usuarios online: “Leer el diario papel no es lo mismo que leer el diario digital, son mecanismos distintos. En la prensa en papel, la temporalidad de sus noticias, que son del ayer, apelan más a la razón y la reflexión de sus lectores. En cambio, en los diarios online, donde la información es del momento, casi como el vivo de la televisión, apelan más a la pasión que a la razón, produciendo en sus lectores comentarios muchas veces no mesurados en el tiempo y discusiones no tanto racionales sobre un tema, sino más bien de reacción”.

Sin embargo, la violencia y la discriminación no se limitan a comentar las noticias de los diarios. Las redes sociales, como amplificadoras de los contenidos en la web por excelencia, no podían quedar al margen del desarrollo del fenómeno. Más bien lo contrario. El 21 de abril del 2014 se viralizó en las redes sociales la respuesta de Megan Mennes, maestra norteamericana y madre de Quinn, un pequeño con Síndrome de Down, a una persona que calificó como ¨feo¨ a su hijo en los comentarios de una foto que ella subió de él en su cuenta de Instagram. En la carta, publicada en el Huffington Post, Mennes escribe que ¨sobran los trolls en internet, que se esconden tras el anonimato de un nombre falso, con la intención de ser crueles (…) Esta no será la última vez que alguien menosprecia a mi hijo porque es diferente. Simplemente espero que mis hijos aprendan a pasar por alto los actos y comentarios ignorantes y sepan tratar al resto con respeto y dignidad. Todos nos merecemos eso, incluso tú. Atentamente, una orgullosa madre¨.

En Facebook, la discriminación toma forma de grupos. Grupos dedicados a difundir expresiones discriminatorias contra una persona o grupos de personas a causa de su raza, religión, nacionalidad o ideas políticas. Basta con escribir en Facebook palabras clave como ¨odio a¨ y algún gentilicio, condición, enfermedad o religión para encontrar varios resultados. Estos grupos, cuando toman notoriedad, son denunciados por los grupos agredidos. Luego de varias denuncias consecutivas en un corto período de tiempo, la red social elimina al grupo por incumplimiento de la Declaración de derechos y responsabilidades de Facebook.

Para acelerar este proceso de denuncia, existen alternativas. Ante el caso de dar con alguna de estas páginas - y más allá de cualquier acción judicial- se puede recurrir a dos sencillas formas. La primera es la que ofrece el propio servicio de Facebook a través de su enlace para Denunciar página. La otra alternativa es informar al INADI (a disposición las 24 horas, los 365 días del año).

Las redes sociales tienen una conexión importante con el deporte. Son varios los eventos deportivos que son utilizados por marcas para obtener en el entorno online la promoción de sus acciones y contenidos. Es muy común, frente a cualquier evento de cierta relevancia, la creación y promoción de hashtags alentando a algún equipo o deportista. El último Mundial de fútbol de Brasil 2014 es una buena medida para comprobar el fenómeno. Tras el pitido final en el Maracaná, se registraron 618.725 tweets por minuto, el valor más alto de la historia. Los 32,1 millones de mensajes publicados durante el partido, sin embargo, quedaron por detrás de los 35,6 millones del histórico 7-1 de Alemania a Brasil en semifinales. La frustración al perder, la violencia que siempre acompaña al deporte más popular del mundo, la pasión irracional pueden dar a estas manifestaciones extremas suponen un cóctel explosivo. El futbolista colombiano Camilo Zúñiga fue objeto de amenazas de muerte e insultos racistas en las redes sociales por parte de hinchas brasileros enfadados por su acción sobre Neymar en el partido por los cuartos de final del mundial, en una jugada que le costaría a la figura de la selección brasilera su continuidad en la competencia. Ese día, ¨Zúñiga¨ fue la palabra más comentada en Twitter.

Sin embargo, la pesadilla no terminaría ahí para el defensor colombiano. Zúñiga subió en su cuenta de Instagram una foto de su hija pequeña en la playa, con el mensaje ¨papi te amo¨ escrito en la arena. Enseguida, la imagen se llenó de comentarios con insultos hacia la niña. Mensajes como ¨su hija es una puta¨, ¨espero que voce nao tenha o coracao que ele tem¨, ¨Quiero que tú y tu hija muere, su ridícula y cobarde¨ se multiplicaron. Finalmente, el futbolista colombiano optó por retirar la imagen.

Twitter ofrece otro caso paradigmático relacionado con el deporte. El domingo 18 de Mayo del 2014, tras la victoria del Maccabi de Tel Aviv ante el Real Madrid durante la ´Final Four´ de Basket, más de 17.500 publicaciones antisemitas fueron difundidas en Twitter con el hashtag #putosjudíos. La avalancha de publicaciones hizo que el tema se volviera tendencia en España, lo que generó la indignación y denuncia por parte de varias asociaciones judías en Barcelona. Haciendo uso de su anonimato, los usuarios escribieron cosas como ¨Ahora entiendo a Hitler y su odio hacia los judios¨, ¨ El Maccabi se dara una ducha despues del partido... Pero en la cámara de gas, espero¨, y ¨no felicito al Maccabi porque son unos putos judíos apestosos. Irónicamente, los diarios que reportaron las noticias sobre estas reacciones violentas y discriminatorias en las redes sociales presentaban, entre los comentarios de los lectores, declaraciones racistas y antisemitas.

Ariel Seidler, director del Observatorio Web, que trabaja por una internet libre de discriminación a través de la recepción de denuncias de sitios con contenidos discriminatorios y de fomentar una educación que favorezca la diversidad cultural, resalta un aspecto irónico de la comunicación en la posmodernidad: Los adultos de hoy aprendieron de sus padres pero, en lo referido a la tecnología, son sus hijos los que les enseñan. No obstante, a pesar de que los niños tengan un conocimiento mayor de la herramienta, deben ser los adultos los que les expliquen cómo manejarse en este universo. “Los límites de la vida offline tienen que estar en la red. El problema no es de internet como herramienta sino del uso que le damos. Apuntamos a un cambio cultural, de fondo, que nos transforme como sociedad y nos permita un uso responsable de las tecnologías. En ese camino es importante convertirnos en usuarios activos que podamos comentar, valorar los contenidos positivos y denunciar los discriminatorios”, concluyó Seidler.

Usuarios activos. Me quedo pensando en esa necesidad. Alejo la mirada de la pantalla del teléfono y creo comprender que soy parte del problema. No necesito siempre un escape mientras viajo. Más bien, a veces, lo contrario: Asumir responsabilidades. Porque internet es la herramienta más poderos a la que todos podemos acceder y, por ese mismo motivo, la más peligrosa. Si el poder es de todos, la responsabilidad también debe serlo. Si internet y las redes sociales son capaces de proyectar y amplificar lo peor de nuestra sociedad, entonces no debemos escandalizarnos y mirar hacia otro lado. La censura no es el camino. Lo es la conciencia y la alerta sobre los riesgos que conllevan a la radicalización de los discursos que se disparan con tanta negligencia.

   

 

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