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EL DISCURSO DE ODIO Y LAS REDES SOCIALES
09/11/2014 - Nota de opinión de Francisco Guerrero Aguirre
En medio de la crisis más grande de los derechos civiles en la historia de Estados Unidos, Martin Luther King, Jr. pronunció, el 28 de agosto de 1963, un discurso memorable. A los pies del monumento a Abraham Lincoln en Washington, DC, ante más de 200 mil personas, sentenció: “Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma”.

El líder sureño conocía los efectos perniciosos del discurso de odio, hate speech en inglés, en la comunidad afroamericana. Desde esa época hasta la fecha, esta perversión de la libertad de expresión busca desacreditar a una persona o grupo sobre la base de algunas características como la raza, género, etnia, nacionalidad, religión o incluso la orientación sexual.

Las palabras del carismático líder se aplican como nunca al entorno en el que estamos viviendo. Los tiempos del autoritarismo se quedaron en el siglo XX, abriendo a las nuevas generaciones una luz de esperanza para el nuevo siglo. La alternancia lograda en el año 2000 y la consolidación de la democracia en el país se acompañó también de la explosión de un discurso rebelde y libertario en las redes sociales.

Por desgracia, la libertad de expresión que conlleva el uso del Internet se embriagó, como diría Luther King, Jr., de muchas copas de amargura y odio que impiden a la gente sostener intercambios maduros y tolerantes. Las descalificaciones urbe et orbi y el desprecio por las ideas de los demás son permanentes nublando los alcances del ejercicio de esta libertad y construyendo una atmósfera poco propicia para disentir.

Como lo ha señalado el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), el discurso de odio en las redes sociales se ha convertido en algo ordinario. La violencia y la discriminación en Internet son evolución de este fenómeno en la vida cotidiana, en el que niñ@s, mujeres y jóvenes son las principales víctimas, ya que se encuentran expuestos las 24 horas del día.

De acuerdo con el Conapred, a diario se difunden en las redes sociales entre 15 mil y 20 mil mensajes de odio por razones de género, racismo y orientación sexual. Mediante una novedosa aplicación conectada a Twitter en tiempo real, los hashtags discriminatorios más frecuentes al día son: puto, joto, naco, indio, güila, zorra y puta; esta última palabra ha llegado a tener hasta 20 mil menciones.

Estos datos deberían ser estudiados con detalle ante el crecimiento exponencial de las redes sociales. Basta recordar que en México hay aproximadamente 46 millones de internautas y que 43% de ellos son personas de entre seis y 16 años. L@s jóvenes que hoy navegan muchas horas del día por Internet serán l@s ciudadan@s de los próximos años. Si su cultura de debate e intercambio de ideas nace desde un lenguaje discriminatorio, no debería sorprendernos que como adultos profundicen y reproduzcan los patrones que aprendieron desde su más tierna edad.

BALANCE

La salud de una democracia depende, en gran medida, de la calidad de la formación cívica de quienes participan en los procesos electorales. A pesar de grandes esfuerzos, nuestro sistema político no ha logrado incorporar a las nuevas generaciones al proceso de toma de decisiones, del que se sienten ajenos y extraños.

Un discurso radical y antisistémico se ha venido profundizando en las redes sociales, erradicando en muchas ocasiones la posibilidad de sostener debates informados en el marco del respeto y la tolerancia que le dan sustento a una cultura amplia de los derechos humanos. En lugar de encontrar en el ciberespacio una nueva forma de manifestar ideas y críticas razonadas, el discurso de odio va ganando espacios en beneficio de una visión de demérito a las opiniones diferentes. Esa ruta es equivocada. En todo caso sólo nos lleva a la descalificación y al desprecio a los demás

http://www.excelsior.com.mx/opinion/francisco-guerrero-aguirre/2014/11/09/991390
   

 

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